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Por Noemí Mottesi
“Óyeme, Lilita, ¿qué puedo hacer yo para que este muchacho me conteste cuando le hablo?
¡No hay manera de que le pueda sacar una sola palabra de la boca! Parece que se la
hubieran sellado con soldadura”. Así decía el párrafo de una carta que recibí hace un tiempo,
en el que esta mujer atribulada por la pésima relación entre su esposo y su hijo mayor, me
pedía consejo de cómo ayudarlos a que se comunicaran mejor.
Y la verdad es que conozco muchos casos como este. Padres que no pueden comunicarse
con sus hijos, y viceversa. Y seguramente que en todas partes es igual. Pero la sociedad
que yo conozco mejor es la latinoamericana. Y tengo que aceptar con dolor, que en un gran
porcentaje de nuestros hogares latinos se practica lo que algunos llaman “la cultura del
grito”. Y es verdad, ¿hay alguna casa dónde usted haya llegado y, en vez de diálogo, en vez de
conversación, en vez de comunicación sana, se practica lo que en México llaman “la ley del
pinole?” “El que tenga más saliva, que trague más pinole”; es decir, “el que más grita,
domina el pleito”. ¿No le molesta a usted que en vez de hablarle, le griten?
Pero por alguna razón, una de ellas debe ser cultural, para los padres latinos es más difícil
comunicarnos con nuestros hijos. Algunos padres rehuyen a los hijos. Otros, sólo pueden
hablar cuando están bajo el influjo de bebidas alcohólicas. Y la mayoría no hablan, sólo
gritan... ¿Y qué se logra con esto? El cuadro es fácil de describir: enojo, desobediencia,
frustración, abandono del hogar, homosexualidad, pandillerismo, drogas, embarazos no
deseados, sexualidad irresponsable, malas calificaciones, malos amigos... y repetición del
mismo ciclo cuando sean adultos.
¿No cree que ya es hora de detener esto? ¿O es que vamos a seguir criando monstruos, en
vez de seres humanos racionales, normales, responsables y exitosos? Y seguramente
usted está pensando en su interior, “sí, estoy de acuerdo con usted Noemí, pero ¿cómo la
hacemos?; así fuimos criados, no sabemos otro camino, este es el único que hemos
andado”.
Yo conozco un camino mejor. No sólo sé de donde sale, sino que también sé hacia donde
lleva. Es un camino de oportunidades, de triunfos, de metas, de satisfacciones, de sanidad,
de hogares nuevos, de vidas nuevas. Y ese camino no lo construyeron los hombres, ni
tampoco lo diseñaron los ángeles. Es un camino formado en el mismo corazón de Dios.
Nació en la eternidad pasada, y va hasta la eternidad futura. Ese camino se llama Jesucristo.
Él dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.
¡Sí!, la puerta de una buena comunicación en su hogar, es primero la puerta que Dios le abre
para que se comunique con Él. Venga a Jesús y por su sangre derramada en la cruz sea
limpio de sus pecados. Traiga a su familia con usted, y uno a uno experimentarán el gozo de
una nueva comunicación entre ustedes, y de todos con el Dios vivo que está en su casa.
COMUNICACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS
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©2007 Asociacion Evangelistica Alberto Mottesi