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DISCIPLINANDO A LOS HIJOS Parte I
Por: Noemí Mottesi
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No es la primera vez, mis amigos y amigas, que me toca ver en un aeropuerto a un niño que se rebela contra sus padres, los golpea, los patea y hasta los escupe. Seguramente ustedes habrán visto casos parecidos en alguna otra parte. Y muchas veces por dentro me he dicho, “¡Ah si este niño fuera mío, a mí no me haría estas cosas porque rapidito lo pondría en su lugar!”. Y no me mal interpreten, no estoy hablando de usar ninguna violencia para disciplinar a un hijo. Hay muchas y muy buenas maneras de hacerlo. ¿Qué es la disciplina?En primer lugar, déjenme compartirles que esta palabra viene de la palabra discípulo, esto es, uno que aprende. Por lo tanto, disciplinar no tiene que ver tanto con castigar, sino con enseñar y entrenar a una persona. Así que cuando, en estas próximas semanas que voy a estar compartiendo con ustedes sobre este tema, me referiré a eso: como enseñar y entrenar a nuestros hijos para que sean hombres y mujeres al más puro estilo de Dios. En segundo lugar, debo recordarles, que este es un deber suyo como padre y madre. Es una responsabilidad de la que no se puede rehuir. Un joven de dieciséis años, estando en una cárcel, dijo a su madre: “Mamá ¿por qué nunca me castigaste, por qué nunca me pusiste en disciplina, por qué nunca me dijiste que me amabas? Si tan sólo eso hubieras hecho, yo no estaría aquí”. Es verdad, un poco de firmeza, una buena dosis de autoridad y una ración doble de amor, son una receta magnífica para disciplinar y formar a nuestros hijos. En tercer lugar, debo decirles que hay tres cosas que son claves cuando se disciplina; la primera es animar al hijo o hija a tener un comportamiento adecuado; la segunda es ayudarles a prevenir los problemas que puedan surgir cuando sean adultos; y la tercera es inyectarles un sentido de autodisciplina a lo largo de toda su vida. De seguro que ustedes me dirán, ¿Y quién puede hacer todo esto, si yo mismo no soy perfecto o si yo misma no soy perfecta? Mis amigos, yo no les he hablado de perfección, esa sólo Dios la tiene. Yo más bien estoy hablando de crecimiento, de formación y de una buena dosis de buen ejemplo que es necesaria para esta tarea de disciplinar a nuestros hijos. Y el mejor buen ejemplo sólo podemos aprenderlo de uno que lo haya vivido a la perfección. Y ese, mis amigos, es Jesucristo. Él es el hombre perfecto en todo el sentido de la palabra. Pero Él también es Dios perfecto en todo el sentido de la palabra. Si usted quiere ser un buen padre, si usted quiere ser una buena madre, al estilo de Dios, es necesario que ahora por la fe y el arrepentimiento, reciba a Jesús como su Señor y su Salvador. Él será su maestro personal de cómo disciplinar y formar hijos al estilo de Dios. Acéptelo ahora y comience la gran aventura de ser un papá o una mamá de quien sus hijos digan: “yo quiero parecerme a él o ella porque se parecen a Jesucristo”. |